El metaverso está en boca de todos. Las grandes marcas no han esperado para empezar sus pruebas y el mundo del deporte ha dado ya sus primeros pasos.
El metaverso está en boca de todos. Las grandes marcas no han esperado para empezar sus pruebas y el mundo del deporte ha dado ya sus primeros pasos.
Tradicionalmente, los deportes femeninos han sido dejados de lado comparado con los deportes masculinos. ¿Cómo puede la visibilidad ayudar a atraer más espectadores? ¿Están mejorando los números?
Cualquier estadio deportivo tiene ingresos directos e indirectos. Los más obvios son los primeros: la venta de entradas, el alquiler de instalaciones, la explotación de las áreas de comida y bebida, tienda del club, tour, y cualquier otra dedicada al entretenimiento o comercial. Los segundos, y no menos importantes, son los derechos de retransmisión, los derechos comerciales y de esponsorización. Ambos son igual de relevantes, con independencia del dinero que generen, porque dependen directamente unos de otros. Si el modelo de negocio no está bien diseñado para explotarlos, de nada servirá construir el estadio más espectacular del mundo.
Originalmente, el deporte ha tenido como principal fuente de negocio la venta de entradas a eventos en directo. Con el desarrollo de la tecnología, cuando se puso en marcha la revolución televisiva, los derechos de retransmisión aumentaron exponencialmente la rentabilidad de esos espectáculos. Sin embargo, el producto seguía siendo el mismo de forma inalterada.
Los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 no solo quedarán para el recuerdo por la pandemia del coronavirus. Han sido también los más caros de la historia, los de audiencia más baja, y los que han aumentado más el rechazo de nuevas ciudades a acogerlos. Aunque lo realmente novedoso fueron las arduas negociaciones para aplazarlos o cancelarlos, que han seguido desarrollándose hasta el último minuto. Toda una lección para la Sports Governance que ha dado más relevancia si cabe a los perfiles que se necesitan entre los expertos en la toma de decisiones.
Los reyes tailandeses regalaban a sus enemigos elefantes blancos con el objetivo de llevarlos a la ruina, pues era un animal costoso y caro de mantener. Que además no producía nada. De aquí viene la expresión que hoy aplicamos a las instalaciones deportivas que, tras una alta inversión inicial pasan a estar en desuso. O en el mejor de los casos a tener un nivel de actividad muy bajo.
La estrecha relación entre la mente y el rendimiento físico, a medida que avanzan las investigaciones de la ciencia deportiva, es cada vez más manifiesta. Por ejemplo, un reciente estudio publicado en la revista Retos de la FEADEF (Federación Española de Docentes en Educación Física) sobre la relación entre las capacidades motoras y mentales concluía que una alta resistencia cardiorrespiratoria se asocia con una mayor memoria, cálculo matemático, velocidad de razonamiento lingüístico y creatividad en los adolescentes, independientemente de su edad y sexo.
A lo largo de la historia han aparecido diferentes estrategias de ventas y marketing para involucrar a los aficionados y consolidarlos como ‘súper aficionados’, y solo muy recientemente han cambiado radicalmente de formato al pasar a lo digital, pero no en esencia.
La carga de entrenamiento es uno de los factores más importantes en el ámbito deportivo, ya que de ella depende que consigamos o no las adaptaciones deseadas. La carga de entrenamiento puede ser dividida en carga externa o interna, siendo la primera el trabajo completado por el deportista (ej., distancia, número de sprints, etc) y la segunda la respuesta fisiológica o psicológica (ej., pulsaciones, niveles de lactato, esfuerzo percibido) impuesta por la carga externa.
La distancia física es una de las medidas más importantes para prevenir el contagio por el SARS-CoV-2. 1,2 Sin embargo mantener la distancia interpersonal recomendable no es posible en la mayoría de los deportes, incluido el fútbol. Así, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a los deportes de equipo como deportes de alto riesgo COVID-19 debido al contacto físico y a la proximidad entre los jugadores.3 Sin embargo, la evidencia científica que soporta la probabilidad de propagar el virus durante un partido de fútbol es limitada. ¿Puede ser considerado el fútbol como un deporte de riesgo alto?
Los viajes forman parte del día a día de numerosos deportistas, especialmente entre los deportistas de élite. Así, es común que los deportistas hagan frecuentes viajes de corta duración cada semana, e incluso algunos viajes de larga duración (>3 horas) de forma puntual. Los viajes, aunque son necesarios en muchas ocasiones, pueden tener efectos negativos para la salud y el rendimiento de los deportistas.